Se cumplen 18 años de los atentados del 11-S

Más de tres mil personas perdieron la vida y seis mil personas resultaron heridas tras el secuestro de cuatro aviones para estrellarse contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

En esta fecha, la gente sigue recordando cómo les afectó estos atentados.

Además de las miles de personas que murieron aquel día, el polvo y los escombros resultantes del derrumbe se encuentran en el origen de graves enfermedades que afectan hoy en día a los servicios de emergencia y a los voluntarios que acudieron a la zona cero.

Estudio clínico realizado entre los bomberos de la ciudad de Nueva York demuestra que los equipos de rescate que trabajaron aquel día en el World Trade Center tienen un riesgo muy elevado de desarrollar una enfermedad cardiovascular (ECV).

Casi dos décadas después del 11-S las investigaciones siguen revelando nuevos efectos de la contaminación ambiental provocada por los escombros.

Los primeros días después de los ataques se asocia con problemas respiratorios crónicos y diferentes tipos de cáncer, además de enfermedades reumatológicas autoinmunes.

Ahora los investigadores añaden que la exposición al polvo y a los productos derivados de la explosión habría desencadenado síntomas que implican una inflamación crónica y que aumentan el riesgo de sufrir un dolencia cardiovascular, un efecto que está identificándose con el paso del tiempo.

El 11 de septiembre de 2001, los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York mataron a casi 3.000 personas.

Osama Bin Laden, jefe del grupo islamista al Qaeda, fue rápidamente identificado como el responsable.

Los talibanes, islamistas radicales que dirigían Afganistán y protegían a Bin Laden, se negaron a entregarlo. Entonces, un mes después del 11 de septiembre, Estados Unidos lanzó una ofensiva que comenzó con ataques aéreos sobre Afganistán.

Cuando otros países se unieron a la guerra, los talibanes fueron rápidamente desplazados del poder.

Pero no desaparecieron: se atrincheraron y su influencia volvió a crecer.

Desde entonces, Estados Unidos y sus aliados han luchado para detener el colapso del gobierno de Afganistán y, así, poner fin a los mortales ataques de los insurgentes.

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